PARTE 2: LA ÚLTIMA LLAVE

Daniel entró en la casa empapado, seguido por Mia, que arrastraba una maleta rosa y llevaba el teléfono pegado a la oreja.

—¡Laura! —exclamó mi marido—. ¿Por qué mis padres están llorando?

No respondí.

Simplemente señalé los documentos sobre la mesa.

Daniel los examinó.

Su rostro cambió inmediatamente.

—¿Vendiste la casa?

—Hace un mes.

—¡Sin consultarme!

Lo miré directamente.

—Qué curioso, Daniel. Exactamente lo mismo que hiciste cuando vendiste la casa de tus padres.

George golpeó la mesa.

—¡Así que es verdad! ¡Nos dejaste sin hogar!

Mia intervino indignada.

—¡No