PARTE 2: LA ÚLTIMA LLAVE

llegaron los compradores.

Entregué las llaves, firmé el acta correspondiente y me marché con mis últimas cajas.

Daniel observaba desde su automóvil.

No sabía que llevaba tres semanas viviendo parcialmente en un pequeño apartamento que había alquilado cerca de mi oficina.

Allí tenía mis documentos, mi ropa y las fotografías de mi madre.

Por primera vez en años, aquel lugar era solamente mío.

Pero mi tranquilidad duró menos de veinticuatro horas.

El viernes por la tarde recibí una llamada de Margaret Sullivan, mi abogada.

—Laura, necesito que vengas al despacho.