El día de mi graduación humillé al hermano que me crió

centro, ocupando media pared, está la mesa de dibujo que hizo mi hermano. Y cada vez que alguien me felicita por mis logros, repito en voz alta lo que aprendí aquel día: nadie llega solo a ningún lado. A veces el que más te sostiene es justamente al que le dijiste que no era nadie.