Seis semanas después descubrí que ella era… Ver más

difícil.

Cada vez que vuelvo a mirar esa vieja fotografía recuerdo aquellas noches en las que creía enfrentar la recuperación completamente solo. Más allá de cuál haya sido la verdadera explicación, conservo la certeza de que ese acompañamiento me ayudó a seguir adelante cuando más lo necesitaba. Desde entonces aprendí que, incluso en los momentos de mayor silencio, nunca conviene perder la confianza en que siempre puede aparecer un gesto inesperado capaz de devolvernos la fuerza para continuar.