debemos entregarla a final de mes.
Yo no tenía un lugar adonde ir. Había dedicado casi todo mi salario a los gastos médicos y apenas conservaba ahorros. Podía alquilar una habitación, pero no tenía muebles ni suficiente dinero para pagar un depósito.
Aquella realidad hizo que mi dolor se transformara otra vez en enojo.
—Todos se llevan algo —dije—. Yo me quedé aquí cuidándola y ahora ni siquiera tengo dónde dormir.
Marta bajó la mirada.
—No sé por qué mamá lo hizo.
Cartaspersonalizadas
Carlos evitó participar en la conversación. Siempre