desapareció.
Tomé el bolígrafo.
Firmé.
—Está bien —respondí con calma—. Solo espero que no te arrepientas.
Tomé mi bolso y salí de aquella casa mientras ellos reían y celebraban mi partida.
La llamada que lo cambió todo
Una semana después, cuando intentaba reconstruirme emocionalmente, recibí una llamada inesperada.
Era Mauricio Herrera, director de operaciones de la compañía.
—Señora Montenegro, el consejo está reunido. Todos esperan anunciar hoy el ascenso de Daniel a vicepresidente. Creo que es momento de que sepan la verdad.
Guardé silencio unos segundos.
Luego respondí:
—Iré enseguida.