PARTE 2: La esposa a la que humilló era la hija del hombre que podía destruir su imperio

la puerta antes de que el conductor pudiera tocar el timbre.

Su padre salió del vehículo.

Raymond tenía el cabello plateado, un traje oscuro y la expresión de un hombre acostumbrado a negociar con personas que rara vez se atrevían a contradecirlo.

Pero cuando vio a su hija, toda aquella autoridad desapareció.

—Phoebe…

Ella intentó sonreír.

No pudo.

Raymond abrió los brazos y la abrazó.

Durante varios segundos ninguno dijo nada.

Después él se apartó lo suficiente para mirarla.

—Estás demasiado delgada.

—Estoy bien, papá.

—No me mientas. Te conozco