PARTE 2: La esposa a la que humilló era la hija del hombre que podía destruir su imperio

A las 7:42 de la noche, Phoebe seguía junto a la ventana de su dormitorio, con el teléfono pegado al oído.

—Papá, no quiero que hagas nada de lo que puedas arrepentirte —susurró.

Al otro lado de la línea, Raymond Harrell permaneció en silencio unos segundos.

—Hija, llevo tres años esperando que me digas esas palabras.

Phoebe cerró los ojos.

—¿Qué palabras?

—Que quieres volver a casa.

Aquella respuesta le rompió el corazón.

Durante tres años había intentado demostrar que podía construir una vida sin el dinero de su