Pero no habrá excepciones por relaciones personales.
La reunión terminó.
No hubo gritos.
No hubo amenazas.
Solo documentos, preguntas y una inversión que ya no estaba garantizada.
Y para Spencer, aquello fue mucho más aterrador que cualquier discusión.
La última conversación de la noche
Phoebe encontró a Spencer en un pasillo vacío.
Se había quitado la corbata y sostenía el teléfono con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.
Al verla, se acercó rápidamente.
—Tenemos que arreglar esto.
Ella se detuvo.
—¿Qué cosa?
—Nuestro matrimonio. Lode