PARTE 2: La esposa a la que humilló era la hija del hombre que podía destruir su imperio

amé cuando no tenías asegurado tu futuro. Te apoyé cuando dudabas de ti mismo. Defendí tus decisiones incluso cuando me dolían.

Los ojos se le llenaron de lágrimas, pero no dejó que su voz temblara.

—No necesitaba que fueras rico, Spencer. Necesitaba que fueras bueno conmigo.

Él dio un paso hacia ella.

—No tires tres años por una noche.

No estoy tirando tres años. Estoy dejando de perder más.

Colocó el anillo sobre una pequeña mesa.

—Mañana hablará contigo mi abogada.

Spencer la miró como si acabara de despertar en