allí, una mujer a la que consideraba insignificante acababa de cambiar el rumbo de su vida.
En ese momento, el presentador anunció el siguiente discurso.
—Señoras y señores, tenemos el
honor de recibir a nuestro patrocinador principal de esta noche. Demos la bienvenida al señor Raymond Harrell.
El salón estalló en aplausos.
Spencer se enderezó inmediatamente.
Conocía perfectamente aquel nombre.
Raymond Harrell era uno de los empresarios a los que llevaba meses intentando convencer para que invirtiera en su compañía.
Spencer había enviado propuestas, solicitado reuniones y utilizado todos sus