había muerto en un accidente de coche antes de que yo naciera. La tía cuyo rostro jamás había visto en una sola fotografía familiar. La tía de la que mi madre se negaba a hablar, igual que se negaba a hablar de mi nacimiento.
Pulsé el botón del altavoz con el pulgar tembloroso.
—Mamá —dije. Me temblaba tanto la voz que apenas la reconocí—. ¿Quién es Margaret Miller?
Un silencio sepulcral envolvió la conversación.
Durante tres largos segundos, el único sonido fue el de la lluvia