un “sí” enorme, cuando escuchamos el bastón de Don Rogelio golpeando el piso del patio.
—¡Momentito, momentito! —gritó el viejo, frunciendo el ceño—. Yo me opongo a esta boda.
Carlos y yo nos giramos, en shock.
—¡Papá! ¿Qué cosas dices? ¿Por qué te opones? —reclamó Carlos, asustado.
—Porque si te casas con ella, Valeria va a ser mi nuera y ya no va a querer ser mi cuidadora. ¡Y no voy a encontrar en todo México a otra muchacha que me aguante mis historias repetidas sin mandarme a volar! ¡No