terraza y sonrío. Pienso en el fuego. Pienso en el silencio de aquella cama de hospital. Y entiendo que, a veces, la vida tiene que quemar hasta las cenizas todo aquello que creíamos seguro, solo para despejar el terreno y construir el verdadero milagro que estábamos destinados a vivir.
Si llegaste hasta aquí, gracias por leerme. Nunca olviden que un acto de bondad, por más pequeño y arriesgado que parezca en su momento, tiene el poder de reescribir toda tu historia. ¡Déjame en los comentarios qué opinas de mi historia