El día que salí de prisión bajo libertad condicional, nadie de mi familia fue a buscarme. Mi esposo vivía con mi propia hermana, así que compré una casa barata donde una anciana tenía derecho a quedarse de por vida. “No pienso irme”, me advirtió.

Entonces no le presté atención.

Acababa de enterrar a Lucía y apenas conseguía levantarme de la cama cada mañana.

—Antes de irse, Iván mencionó que había guardado respaldos de seguridad —recordé de repente.

Rafael levantó la mirada.

—Eso cambia las cosas. Si todavía existen, podrían mostrar qué documentos fueron modificados y cuándo.

Presenté formalmente la información ante las autoridades competentes. Rafael me pidió que no buscara a nadie por mi cuenta.

Durante dos semanas no ocurrió nada.

Hasta que recibí una llamada de Ricardo.

—Me dijeron que andas haciendo preguntas —