que ambas terminamos llorando.
—Ya era hora, hija. Ya era hora.
Era la primera vez que me llamaba hija.
Recuperar mi nombre fue solamente el comienzo.
Gabriela me advirtió que las propiedades y la empresa necesitarían procedimientos separados.
También avanzó una nueva investigación penal contra Ricardo, Patricia y otras personas involucradas.
Durante meses revisamos documentos societarios, transferencias, contratos y registros de propiedad.
Encontramos actas donde supuestamente había cedido mis derechos empresariales cuando ni siquiera podía salir de prisión.
Varias operaciones comenzaron a ser impugnadas.
Mientras tanto, las autoridades formularon acusaciones