El día que salí de prisión bajo libertad condicional, nadie de mi familia fue a buscarme. Mi esposo vivía con mi propia hermana, así que compré una casa barata donde una anciana tenía derecho a quedarse de por vida. “No pienso irme”, me advirtió.

acabas de contar es verdad, los que te destruyeron todavía no saben que cometieron un error enorme.

Y puso en mis manos aquel número que estaba a punto de cambiarlo todo.

PARTE 2

Durante tres noches miré aquel número sin atreverme a marcarlo.

Había pasado años diciendo que era inocente. Mis abogados presentaron recursos, escribieron solicitudes y señalaron contradicciones. Nada funcionó.

¿Por qué esta vez sería diferente?

—Porque nunca antes tuviste a alguien dispuesto a buscar lo que escondieron —me respondió Mercedes.

Finalmente llamé.

El licenciado Rafael Mendoza escuchó mi