El día que mi esposo me em-pu-jó em-ba-razada, dejé de esperar que algún día me amara

puedes caminar.”

Siempre había algo peor que podía haberme pasado.

Siempre otra persona sufría más.

Siempre yo podía aguantar.

Entonces me enderecé como pude.

—Voy al hospital.

Adrian soltó el aire con irritación.

—¿Por esto?

Lo miré.

—Sí.

—Evelyn, apenas te empujé.

Aquello terminó de destruir algo dentro de mí.

Apenas.

Me di la vuelta.

Caminé hacia el armario.

Saqué un abrigo.

El dolor volvió.

Me detuve.

Adrian lo notó.

—¿De verdad estás herida?

No respondí.

Tomé mi bolso.

Dentro estaba el informe de la ecografía.

La primera imagen de