su propio bebé.
Por alguna razón, aquella ironía dolió más que el golpe.
—No me toques.
Mi voz salió apenas audible.
Adrian frunció el ceño.
—No exageres.
Exagerar.
Esa palabra.
Había sido la favorita de todos durante mi vida.
Cuando Chloe rompía mis cosas porque estaba celosa:
“Evelyn, no exageres. Es menor.”
Cuando mi padre olvidaba mis cumpleaños mientras organizaba enormes fiestas para ella:
“No exageres. Tu hermana necesita más atención.”
Cuando después del accidente perdí para siempre mi carrera de ballet y lloré durante meses:
“No exageres. Al menos