No regresé a casa
Daniel me llevó a un hotel.
No quise ir con mi padre.
Tampoco con ninguna amiga.
Necesitaba silencio.
Antes de despedirse, Daniel dijo:
—Voy a preguntarlo una sola vez.
—¿Qué?
—¿Estás segura de que quieres estar sola?
Pensé.
—Sí.
—Bien.
Me entregó una tarjeta.
—Mi número personal y el de Rachel.
—Ya tengo tu número.
—El otro.
Leí.
Era un abogado.
—Daniel.
—Solo por si decides usarlo.
No me dijo qué debía hacer.
Eso era exactamente lo que necesitaba.
Entré.
Me duché.
Me puse ropa del