tomando decisiones para no perderme a mí.
22. Siete meses
El embarazo avanzó.
Mi hija era activa.
Muchísimo.
Daniel decía que probablemente heredó mi obsesión por el movimiento.
—Será bailarina.
Lo miré.
—No digas eso.
—¿Por qué?
—Porque si quiere ser ingeniera, será ingeniera.
—Bien.
—Si quiere odiar el ballet, también.
—Entendido.
Sonreí.
Después sentí una patada.
Daniel la vio.
—Eso fue fuerte.
—Sí.
Su mano se movió instintivamente.
Pero no tocó.
Esperó.
Yo tomé su mano.
La puse sobre el abdomen.
Otra patada.
Daniel sonrió.
No fue romántico.
Solo