El día que mi esposo me em-pu-jó em-ba-razada, dejé de esperar que algún día me amara

me sorprendió.

En terapia, la doctora Morales preguntó:

—¿Qué cambió?

Pensé.

—Ya no estoy viviendo su historia.

—Explícame.

—Ella intentó irse cuando era demasiado tarde.

—¿Y tú?

—Me fui cuando sentí el primer miedo real.

La terapeuta negó suavemente.

—No fue el primero.

Me quedé quieta.

Tenía razón.

El miedo había existido antes.

Solo que yo lo llamaba amor.

Miedo de que Adrian no volviera.

Miedo de que Chloe regresara.

Miedo de perder el matrimonio.

Miedo de quedarme sola.

Durante años había vivido tomando decisiones para evitar perderlo.

Ahora estaba