conoce a Grace
Lo permití al día siguiente.
Con una enfermera presente.
Entró despacio.
Parecía asustado.
Nunca había visto a Adrian asustado de algo tan pequeño.
Se acercó.
Grace dormía.
—¿Puedo…?
—No.
Su mano se detuvo.
—Solo mirarla.
Asintió.
Se inclinó.
Los ojos se le llenaron.
—Tiene tu boca.
—Quizá.
—Y mis manos.
—Tiene manos de bebé.
Una risa rota salió de él.
Después lloró.
No me conmovió como habría creído.
Pero tampoco disfruté verlo sufrir.
Solo lo observé.
—Lo siento.
—No ahora.
—Evelyn.
—Este momento no es sobre ti.