El día que mi esposo me em-pu-jó em-ba-razada, dejé de esperar que algún día me amara

Se quedó callado.

Eso fue quizá lo primero correcto que hizo.

Miró a Grace.

—Hola.

No la tocó.

—Soy tu padre.

Grace bostezó.

Adrian sonrió.

Después salió.

25. El divorcio se vuelve definitivo
Firmamos cuando Grace tenía tres meses.

Adrian luchó por acuerdos de custodia.

No por el matrimonio.

Había entendido.

Solicitó visitas supervisadas al principio.

Yo acepté.

No quería usar a mi hija para vengarme.

Eso no significaba confiar.

La primera visita fue incómoda.

Adrian sostuvo a Grace como si fuera de cristal.

—¿Así?

La supervisora explicó.

—Sujete la