dijo:
—A papá le encanta que le diga cuando se equivoca.
Me reí durante un minuto entero.
—Ha aprendido.
—Mucho.
Cuando Adrian me contó que pensaba casarse, esperaba una reacción.
—Felicidades.
Parpadeó.
—¿Eso es todo?
—¿Qué más?
Sonrió.
—Nada.
Después dijo:
—Evelyn.
—¿Sí?
—Gracias por irte.
Lo miré.
—Extraña forma de hablar antes de una boda.
—Hablo en serio.
Respiró.
—Si te hubieras quedado, probablemente habría seguido siendo el hombre que era.
Pensé.
—Tal vez.
—Y tú habrías sido miserable.
—Sí.
—Grace también.
—Probablemente.
Asintió.
—Entonces gracias.
Sonreí.
—No me