Y a veces no necesitas conocer todo el camino.
Solo necesitas reconocer la puerta por la que ya no estás dispuesto a regresar.
Yo crucé esa puerta.
Perdí una casa enorme.
Un apellido poderoso.
Un matrimonio.
La fantasía de que algún día mi esposo despertaría y descubriría que siempre me había amado.
Pero gané mañanas tranquilas.
Una hija que nunca tuvo que verme suplicar amor.
Volví a entrar a un estudio de ballet.
Construí una fundación.
Encontré a un hombre que preguntaba antes de tocar.
Reaprendí a confiar.
Y, quizá