Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

demasiado.

—Eso no es cierto.

—¿Qué me dijiste?

—¿Qué?

—Cuando escribí que me habían despedido, ¿qué me dijiste?

Adrián abrió la boca.

Nada.

—¿Me llamaste?

Silencio.

—¿Viniste?

Nada.

—¿Me preguntaste cómo estaba?

Se pasó una mano por el cabello.

—Pensé que necesitabas espacio.

—Me pediste que fuera a recoger el pastel de Sofía.

Su rostro se tensó.

—Elena, no fue así.

—Fue exactamente así.

—No lo hice con mala intención.

—Lo sé.

Aquello lo confundió.

—¿Entonces?

—Ese es el problema.

Me senté en la cama.

—Nunca fue con mala intención.