Buscó.
—Cuando terminaste el máster.
—Viniste a la ceremonia porque Gabriel te llevó.
—Estuve.
—Sí.
—Cuando murió tu abuela.
—Me mandaste flores.
—¿Eso no cuenta?
—Cuenta.
—Entonces no digas que nunca estuve.
Suspiré.
—No estoy diciendo nunca. Estoy diciendo que durante años todo el grupo se organizó alrededor de ti.
—Eso no es culpa mía.
—Tal vez no.
—Entonces deja de castigarme.
La miré.
—No me estoy yendo para castigarte.
—Pues parece eso.
—Sofía, mi vida no es una reacción a la tuya.
Aquello la hizo callar.
—Acepté un buen