Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

trabajo. Quiero irme. Y sí, también quiero tomar distancia.

—¿De mí?

—De todos.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Éramos mejores amigas.

Sentí un nudo en el pecho.

—Lo sé.

—¿“Éramos”?

Bajé la mirada.

—No sé cuándo dejamos de serlo.

—Yo nunca lo sentí así.

—Porque tú nunca fuiste la que estaba fuera de la foto.

Silencio.

Sofía lloró.

Yo también.

No hubo gritos.

Quizá habría sido más fácil si hubiera sido mala.

Si se hubiera reído de mí.

Si hubiera confesado que siempre quiso a Adrián.

Si hubiera una