Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

qué duró tanto.

Se quedó callado.

—¿Eres feliz?

—Sí.

—¿Hay alguien?

Me reí.

—Sigues preguntando.

—Lo sé.

—No.

Asintió.

No pareció aliviado esta vez.

Solo aceptó.

—Yo salí con alguien.

—¿Sí?

—Tres citas.

—¿Y?

—En la segunda me preguntó cuál era mi comida favorita y me quedé pensando que tú la sabías.

Me reí.

—Eso no es romántico, es información básica después de cuatro años.

—Déjame dramatizar.

Sonreí.

Fue una buena conversación.

Peligrosa, pero buena.

Al despedirnos, Adrián no intentó besarme.

Solo dijo:

—Me alegro de que te vaya bien.