Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

—Yo hablaba contigo sobre todo cuando necesitaba algo.

No dije nada.

—No todo el tiempo.

—Lo sé.

—Pero demasiado.

Asentí.

—Sí.

—Lo del pastel…

—No hace falta.

—Para mí sí.

Respiró.

—Escribiste que te habían despedido y diez minutos después te pedí un favor.

—Sí.

—No sé cómo no lo vi.

—Porque sabías que yo lo haría.

Esa frase lo golpeó.

—Sí.

—Adrián, yo también tengo responsabilidad.

Frunció el ceño.

—No.

—Sí.

—Tú no…

—Dejé que fuera normal.

—Eso no me absuelve.

—No intento absolverte.

Bebí agua.

—Intento entender por