personas.
Ninguna detrás de la cámara.
No era reparación.
No podía devolverme los años anteriores.
Pero significaba algo.
Después de la cena, Adrián y yo caminamos un tramo solos.
—¿Te quedas en Madrid?
—Solo hasta el domingo.
—Ah.
—¿Qué?
—Nada.
Sonreí.
—Sigues siendo horrible disimulando.
—Puede ser.
Caminamos junto al río.
Era curioso estar allí.
Otro restaurante junto al agua.
Otra noche.
Pero yo era diferente.
—Elena.
—Sí.
—No voy a pedirte que volvamos.
—Gracias.
Se rio.
—Qué cruel.
—Práctica.
—Pero quiero preguntarte algo.
—Vale.
—Si hubiera reaccionado antes… ¿habríamos