Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

tiempo en aprender.

El problema nunca fue no estar en una fotografía.

El problema fue pasar años intentando entrar en una imagen donde nadie pensaba en hacerme espacio.

Y aún peor:

Yo misma había aprendido a quedarme detrás de la cámara.

Porque era más fácil ser útil que pedir ser importante.

Ser la que organiza.

La que entiende.

La que espera.

La que perdona.

La que va por el pastel.

La que llama al taxi.

La que lleva sus propias cajas.

La que dice “no pasa nada”.

Hasta que un