Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

dependiente.

Adrián y yo nos felicitamos en cumpleaños.

Alguna vez tomamos café si coincidimos.

No volvimos.

No estuvimos cerca de volver.

Y creo que eso fue lo mejor.

Porque si hubiéramos regresado, probablemente habríamos convertido su arrepentimiento en otra responsabilidad mía.

Yo habría tenido que vigilar si me elegía.

Él habría tenido que demostrar que había cambiado.

Cada cena se habría convertido en una prueba.

Cada mensaje de Sofía en una sospecha.

Cada olvido en una recaída.

No quería vivir así.

A veces el perdón sirve precisamente para no regresar.