Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

asintió.

—Eso suele pasar.

Aquella noche fui a cenar con Daniel.

Le conté el ascenso.

Me besó.

—Estoy orgulloso de ti.

—Gracias.

—¿Celebramos?

—Sí.

—Tú eliges.

Y elegí.

Restaurante.

Vino.

Postre.

Hora.

Por alguna razón, todavía me emocionaba elegir cosas pequeñas.

Antes de dormir miré el teléfono.

El grupo estaba lleno de mensajes.

Bruno:

«¡Directora! Sabía que eras peligrosa».

Gabriel:

«Ahora sí nos vas a ignorar oficialmente».

Sofía:

«Estoy muy orgullosa de ti. En serio».

Adrián:

«Felicidades, Elena. Te lo mereces».

Sonreí.

Después abrí la primera conversación de aquella historia.