asintió.
—Eso suele pasar.
Aquella noche fui a cenar con Daniel.
Le conté el ascenso.
Me besó.
—Estoy orgulloso de ti.
—Gracias.
—¿Celebramos?
—Sí.
—Tú eliges.
Y elegí.
Restaurante.
Vino.
Postre.
Hora.
Por alguna razón, todavía me emocionaba elegir cosas pequeñas.
Antes de dormir miré el teléfono.
El grupo estaba lleno de mensajes.
Bruno:
«¡Directora! Sabía que eras peligrosa».
Gabriel:
«Ahora sí nos vas a ignorar oficialmente».
Sofía:
«Estoy muy orgullosa de ti. En serio».
Adrián:
«Felicidades, Elena. Te lo mereces».
Sonreí.
Después abrí la primera conversación de aquella historia.