Dos años atrás.
Mi mensaje seguía allí:
«Me despidieron».
Sin respuesta.
Diez minutos después:
«¡Me ascendieron!»
Cientos de palabras debajo.
Durante mucho tiempo había pensado que aquella noche descubrí que nadie me quería.
No era exactamente así.
Me querían.
A su manera.
Solo que se habían acostumbrado a quererme sin cuidarme.
Y yo me había acostumbrado a aceptar amor sin atención porque pensaba que la historia compartida lo justificaba todo.
Diez años de amistad.
Cuatro años de relación.
Miles de recuerdos.
Todo eso parecía demasiado grande para abandonar.
Hasta que