fotografía.
La reduje.
Y me reí.
El guardia del edificio me ayudó a subir mis cajas a un taxi.
Cuando ya estaba en camino, Adrián escribió:
«¿Sigues en la oficina? Pensé que Bruno iría por ti».
Bruno:
«Yo pensé que Adrián iba».
Gabriel:
«Creí que ya lo habían resuelto».
Tres personas.
Tres excusas.
Una sola conclusión.
Nadie había pensado realmente en mí.
Adrián volvió a escribir:
«¿Todavía necesitas que vaya?»
Miré las marcas rojas que las cajas habían dejado sobre mis manos.
Después contesté:
«Ya no».
Esa noche confirmé la