Perdí mi trabajo y nadie respondió; diez minutos después todos celebraban el ascenso de mi mejor amiga

fotografía.

La reduje.

Y me reí.

El guardia del edificio me ayudó a subir mis cajas a un taxi.

Cuando ya estaba en camino, Adrián escribió:

«¿Sigues en la oficina? Pensé que Bruno iría por ti».

Bruno:

«Yo pensé que Adrián iba».

Gabriel:

«Creí que ya lo habían resuelto».

Tres personas.

Tres excusas.

Una sola conclusión.

Nadie había pensado realmente en mí.

Adrián volvió a escribir:

«¿Todavía necesitas que vaya?»

Miré las marcas rojas que las cajas habían dejado sobre mis manos.

Después contesté:

«Ya no».

Esa noche confirmé la