Hubo un silencio.
Después mi hermana pronunció una frase que me dejó sin respiración.
—Álvaro, tu madre biológica está viva. Y es la mujer que compró secretamente la deuda de la empresa de Sergio hace dos años.
Miré la fotografía entre mis manos.
—¿Dónde está?
Elena respiró profundamente.
—En Madrid. Y lleva veinticinco años esperando que descubras por qué tuvieron que separarte de ella.
Antes de que pudiera responder, escuché golpes violentos en la puerta principal.
Sergio había regresado.
Pero esta vez no venía solo.
Dos hombres vestidos de traje