Después de tantos meses de explicaciones ambiguas, separar lo sabido de lo supuesto me devolvió una claridad que no recordaba.
Esa noche apagué las notificaciones de Ethan. No quería que cada mensaje suyo determinara el ritmo de mis horas. Revisé mis documentos personales, anoté qué
cuentas compartíamos y cuáles eran exclusivamente mías, y preparé una lista de preguntas para el banco. No investigué sus dispositivos ni intenté conseguir pruebas por mi cuenta. Martín había sido tajante: preservar lo que llegara legítimamente, verificar y dejar que los procedimientos adecuados hicieran