cuidado.
Ethan siguió escribiendo durante semanas, pero ya no respondía a cada explicación. Algunas cuestiones pertenecían a los abogados; otras no necesitaban respuesta. Descubrí que el silencio elegido conscientemente era muy diferente del silencio del funeral. Aquel primero había nacido del desconcierto. Este nuevo silencio era un límite.
El administrador de la sucesión me enseñó además a distinguir entre patrimonio, liquidez y disponibilidad. Ethan había hablado siempre de la herencia como si fuera una enorme cuenta corriente que aparecería al día siguiente
del funeral. La realidad era mucho