sin cuestionar mis límites esenciales. Esa libertad se convirtió en mi nueva medida de confianza.
Con el tiempo dejé de describir lo ocurrido como «el problema de la herencia». La herencia había sido el detonante que reveló algo anterior: Ethan había empezado a considerar mi consentimiento previsible y, por tanto, prescindible. Esa idea era más importante que cualquier cantidad concreta. En terapia trabajé precisamente sobre eso. Aprendí a detectar cuándo decía sí porque realmente quería y cuándo lo hacía para evitar la reacción de otra persona. También recuperé actividades