Durante diez años, María dedicó su vida al cuidado de un adulto mayor que, según quienes lo conocían, tenía un carácter difícil. Vivía en la misma casa que él, atendía sus necesidades diarias y soportaba jornadas que muchas veces se hacían cuesta arriba debido al temperamento del hombre. Aun así, nunca pensó en abandonar su trabajo. Con el tiempo comprendió que detrás de aquella actitud distante existía una persona marcada por experiencias que muy pocos conocían.
Los años fueron pasando y la rutina se volvió parte de su