miró en el espejo del pasillo.
—Ahí está —susurró Ivy.
Caminamos hasta la esquina de Elm y Fifth.
Lou,
Ivy y yo. Despacio. Lou caminaba despacio. Llevaba la mano de Ivy a un lado y la señal de stop al otro.
Cuando llegamos a la esquina, Kendra ya estaba allí. La verdadera encargada de la seguridad vial. Veintiocho años, con trenzas, un silbato y un chaleco reflectante mucho más nuevo que el de Lou.
Ella vio venir a Lou. Con su chaleco naranja. Con su