Entregado de forma segura
—Directo a casa —dije.
Joel estaba de pie junto a la puerta principal con la mochila ya sobre ambos hombros. Once años. El pelo se le erizaba por detrás por mucho que se lo mojara. Las zapatillas llevaban los cordones metidos por dentro en lugar de atados porque atarlos le llevaba demasiado tiempo.
Suspiró.
“Lo sé.”
“Sin atajos.”
“Lo sé.”
“No hay paradas en ningún sitio.”
” Mamá. “
“Y me mandas un mensaje en cuanto salgas de ese