vendedora, la tía Raïa, disgustada—. Tan sombrío como una nube de otoño. Ni con pinzas se le puede sacar una palabra. ¿Cómo va a criar a un niño? ¿Quedándose callado él también?
Pero Hryhori Matviyovych no prestaba atención a estas conversaciones.
Se estaba preparando para la llegada del niño.
Ordenó la segunda habitación.
Una habitación pequeña, cerca de la estufa, por lo tanto, la más cálida de la casa.
Colocó una alfombra nueva.
Preparó una cama.
Una mesa pequeña.
Una lámpara con pantalla verde.
Un geranio en maceta apareció en