repetidas varias veces, como un código rudimentario, posiblemente usado para contar días.
—Son al menos treinta marcas —informó.
Treinta días. Un mes atrapados.
La presión mediática aumentó y la policía amplió el radio de búsqueda. Por primera vez surgió una teoría que hasta entonces parecía impensable: que otra persona estuviera involucrada.
Y esa teoría se reforzó cuando, al final del día, un rescatista encontró una cuerda moderna y relativamente nueva, que no pertenecía ni a Julián, ni a Clara, ni a los equipos que trabajaban en la zona.
—Alguien estuvo