Padre e hija desaparecidos en los Pirineos: cinco años después, unos senderistas descubren lo que estaba oculto en una grieta

repetidas varias veces, como un código rudimentario, posiblemente usado para contar días.
—Son al menos treinta marcas —informó.

Treinta días. Un mes atrapados.

La presión mediática aumentó y la policía amplió el radio de búsqueda. Por primera vez surgió una teoría que hasta entonces parecía impensable: que otra persona estuviera involucrada.

Y esa teoría se reforzó cuando, al final del día, un rescatista encontró una cuerda moderna y relativamente nueva, que no pertenecía ni a Julián, ni a Clara, ni a los equipos que trabajaban en la zona.

—Alguien estuvo