fijamente a los ojos.
“Su nombre también es Viktor.”
Ana regresó a casa antes del anochecer.
El camino parecía más largo que nunca.
Cada árbol proyectaba sombras extrañas.
Cuando finalmente llegó, notó algo que la hizo detenerse.
La puerta principal estaba entreabierta.
Estaba segura de haberlo cerrado.
Su corazón comenzó a latir violentamente.
“¿Hay alguien ahí?”
Nadie respondió.
Entró con cautela.
La cocina estaba vacía.
Y la habitación.
Pero al llegar a la habitación, sintió que las piernas le flaqueaban.
El cuadro antiguo estaba en el suelo.
Alguien había