estás hablando.”
El desconocido soltó una risa seca.
“Entonces no tendrás inconveniente en darnos la llave.”
Ana retrocedió.
La llave de plata.
” Llamaré a la policía. ”
El hombre permaneció en silencio.
Entonces respondió:
“Haz lo que consideres necesario.”
Los pasos se desvanecieron en la distancia.
Ana esperó varios minutos antes de moverse.
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Acto seguido, llamó a los servicios de emergencia para denunciar la intrusión y las amenazas.
A la mañana siguiente llegaron dos agentes.
Examinaron la puerta.
Fotografiaron las vías del tren cerca de la