este tesoro ayudara a alguien que realmente lo necesite.
Sin embargo, antes de usarlo, necesitas saber la verdad.
Esta casa no está abandonada.
Ella te está esperando.
Ana dejó de leer.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Ella miró hacia la puerta.
El viento silbaba a través de las ventanas rotas.
No había nadie allí.
Volvió a mirar la carta.
La última frase contenía una advertencia:
“Nunca dejes que Viktor encuentre la llave de plata.”
Ana frunció el ceño.
“¿Qué llave?”
Con cuidado, extendió el contenido del paquete sobre una