de polvo en el piso brillante.
“¡Lupita no hizo nada!”, gritó desgarrándose la garganta. “¡Ella no mató a mi papá!”
El juez levantó su mazo para exigir orden, pero se quedó congelado. En la mesa de los acusados, Lupita Reyes sintió que el alma se le caía. Llevaba 9 meses esposada a una pesadilla, pudriéndose en prisión por 1 crimen que jamás cometió.
Durante 9 meses escuchó a los abogados decir que era 1 criada resentida. La acusaban de envenenar a Arturo Cifuentes, uno de los empresarios tequileros más ricos